Su piel es huella de Africa. De esos colores y cuerpos que fueron trasladados de un continente a otro para trabajar de sol a sol mientras sus vidas se trasformaban en interminables y sufridas noches. La oscuridad de la esclavitud, el racismo. La discriminación. Esos cuerpos que a los ojos del mundo se transformaron en boxeadores triunfales, atletas destacados, aguerridos players de futbol americano e impredescibles y fantásticos jugadores de basquet. Esos colores que emergieron de las aguas dejadas por Katrina cuando todos suponian que ya no estaban sumergidos en la pobreza. Su nombre es huella del choque de civilizaciones. Los caprichos de la historia han determinado que sus credenciales representen casi literalmente el eje que divide buena parte de la geopolítica de la humanidad. Occidente vs Oriente. Su primer nombre, Barack, no parece decir mucho. Su apellido, tampoco. Pero cuando surge, de alguna crónica periodística detallista, que su segundo nombre es Hussein, se resignifican. Obama se carga de sentido y comienza a imitar el sonido que se oye cuando, desde septiembre de 2001, alguien dice Osama. Hussein y Osama. El dictador muerto, el fantasma terrorista todavía vivo. El 11-S, Afganistan e Irak. El enemigo, el mal. El antiamericanismo más puro, más lineal, el que los hace ser cada vez más americanos, más lineales. Ante tamaña relación su nombre de pila, Barack, hasta aquí insignificante, remite a la parte occidental de oriente. Ehud Barak (sin ''C'', pero suena igual) actual ministro de defensa, fue militar, ex primer ministro, y quizás también futuro, del Estado de Israel. Una sola línea, tres palabras, mucha historia. Paradojas. Su negritud, su no pertenencia al partido republicano, su discurso demócrata ecléctico. Atributos que seducen a los creadores del spanglish. Aquellos latinoamericanos que se fueron de sus países de origen a hacer la america...del norte. Provenientes de naciones tristemente acostumbradas, muchas de ellas, a dictaduras made in iuesei. Hoy, caprichos de la historia, podrán, en gran parte, inclinar la balanza en la elección norteamericana. Decidirán quien gobernará por los proximos cuatro y seguramente ocho años su democracia. Los padres de las teorías de la aguja hipodérmica observan como, capilarmente, lo latino los penetra y se les hace carne, en su nombre, en su piel. En ambos lleva inscriptos las marcas de la paradoja. Negro, con antepasados africanos y musulmanes, nombres que simbolizan a medio oriente y sus disputas. Sus votos en gran parte llegarán de los inmigrantes latinos de distintas generaciones. En contraposición, su rival republicano es un ex combatiente de Vietnam con apellido de papasfritas on the go (fast food versión aun más Fast y menos Food). Ni el más afamado guionista de Hollywood podría haber ideado un personaje con tales características significantes. Barack Hussein Obama seguramente será presidente. Bush lo hará.